martes, 22 de marzo de 2022

El que regala notas es un docente

Se puede dar por sentado que la vieja escuela secundaria, con su modelo disciplinar y de disciplinamiento ha sucumbido definitivamente. Algún día tenía que suceder. Ha cambiado el hombre occidental, ha cambiado la cultura, ha cambiado América Latina y ha cambiado, al menos en la superficie, este país de facilistas y conformistas simuladores de inconformismo. Así que, por necesidad y urgencia, tenía que cambiar la escuela de este país.
Para analizar y entender a grandes rasgos un fenómeno tan complejo es necesario revisar algunos aspectos que son marco y esqueleto de una institución social que fuera fundamental en la configuración de las superestructuras de este país en lo social, en lo cultural, en lo económico y en lo político. Una mirada por alguna bibliografía de los ochenta - noventa puede ayudar: libros como el de Filmus, "Estado, sociedad y educación en la Argentina de fin de siglo", o el de Adriana Puigrós, "Qué pasó en la educación en Argentina", para conocer la evolución del sistema como herramienta indispensable en la búsqueda de una identidad y una construcción ideológica de la nación. Naturalmente que esta nación ha sido puesta en jaque de continuo por los intereses de los poderes globales y podemos tomarnos la atribución de señalar que, en este país, sus gobernantes y su mismo pueblo han distraído su atención en las cuestiones económicas y de política internacional y han descuidado la mirada reflexiva sobre el sistema educativo, cuyo paradigma hizo crisis en la última década del siglo XX y estalló en la primera década del siglo XXI.
Una mirada clarificadora sobre esta silenciosa y enmascarada tragedia se puede encontrar en "El Banco Mundial, intervención y disciplinamiento. El caso argentino, enseñanzas para América Latina" de María Alejandra Corvalán, o en "La Educación según el banco mundial" de Coraggio y Torres. Estas lecturas nos inician en el carozo áspero de la manipulación de nuestra cultura académica y el planificado boicot a su calidad y a la autonomización intelectual e ideológica de nuestros docentes y nuestro estudiantado. Que el objetivo se ha conseguido con creces y que va a llevar años revertirlo lo prueban el estado atroz de las escuelas en Argentina, tanto primarias como secundaria, y no amerita que disimulemos la falacia de nuestra educación terciaria y ni aún de nuestras hoy debilitadas universidades.
Los resultados de las pruebas de evaluación estadística, llámense Fifa o como quisieran, han puesto en evidencia el desmoronamiento de un sistema educativo y de una cultura académica que fuera señera en América Latina y el mundo. La proliferación de mediocres, verticalistas y mojigatas escuelas privadas en abierta avanzada sobre la escuela pública testimonian los desencantos de una población que ya no encuentra en los docentes a los transformadores sociales de antaño y se refugia en los valores dogmáticos para garantizar a sus hijos un espacio en el tejido social que lo salve de la debacle, la marginación y les asegure un mínimo grado de oportunidades de punto de partida en una sociedad con todas sus redes degradadas y en continua situación de riesgo.
El abaratamiento social del rol docente, su carencia de autoridad intelectual, su incapacidad para elevarse como ejemplo ético, el vaciamiento innoble de contenidos, la búsqueda contradictoria, incesante y atolondrada de nuevos procedimientos en los procesos de planificación, selección y secuenciación de contenidos, los desorientados e inoperantes ensayos para conciliar tecnología y saber escolar, las dificultades de convivencia, la inoperancia de los roles jerárquicos, el palabrerío del modelo político y de la documentación teórica venida desde el estado, que intenta encubrir y disimular la debacle...: todo lo enumerado y/o lo que aquí no se reseña por sentido común y porque hay bibliografía y trabajos publicados en los medios que se ocupan de ello, son apenas el cordón de cirios olorosos de vacío, que velan el muerto vivo de la educación en este país.
Dentro de este panorama levantamos una pequeña y perdida pancarta para repudiar el caso de la docente regala notas. Porque ella, con su actitud seudohumanitaria, está siendo una herramienta utilísima en el paradigma del aplanamiento educativo que se han propuesto para nuestro país los que gobiernan el mundo. Traigo a colación una anécdota que contaba Luis Iglesias, maestro de maestros. Los docentes enterados saben que Luis Iglesias, autor de "La escuela rural unitaria", dio con sus ideas progresistas y contestatarias en medio de una escuela rural, así como otros dan con sus huesos en la cárcel, es decir, castigado.
En aquella escuela rural Iglesias quiso poner en práctica lo que para él era innovador. Y puso a sus alumnos a hacer huerta. Muy satisfecho con su tarea complementaria, con su sentido de apertura pedagógica no había mirado a su alrededor. Hasta que una mañana vino un padre a hablar con él. El hombre, peón humilde, cuya actividad era eso: sembrar, cuidar la cosecha, cosechar, acaso lo ajeno, le cuestionó a Iglesias la actividad complementaria. Contaba el maestro que el peón le dijo que él mandaba su hijo a la escuela para que el maestro le enseñara lo que él como padre no podía enseñarle, que sembrar y cosechar era lo que todos aprendía por allí casi desde que empezaban a caminar. Pero la escuela estaba para enseñar a leer y escribir, para darles la herramienta que estos hombres de campo no tenían y que el maestro dominaba.
Si, sabemos lo que dicen los filósofos de la posmodernidad: la escuela con sus enseñanzas sistemáticas es uno de los medios del poder. El maestro tiene poder, tiene el poder de abrir las puertas al conocimiento, al saber. El sistema ya entonces creía que el aislamiento, el exilio hacia el interior de la tierra nacional era una forma de castigo y de invisibilización. Y a veces lo era. Pero hay docentes que se hacen oír. Hay docentes innovadores y creativos en la construcción de la mente del alumno. Hay docentes que no se creen héroes, hay docentes que hacen autocrítica. Iglesias se cayó del árbol y puso en práctica la hora de escritura creativa, un espacio que reemplazó a la huerta, en el que los alumnos escribían y dibujaban lo que quisieran. Muchos años después Iglesias publicó una selección de aquellas producciones bajo el título "Viento de estrellas".
Es evidente que no se puede comparar esa experiencia pedagógica con lo que hizo la docente de marras y vamos a enunciar las razones:
-Lo de Iglesias fue una experiencia pedagógica, tuvo reglas claras que conciliaban la libertad creadora con el compromiso y la responsabilidad, el niño no hacía "lo que quería", aunque sí lo que podía.
-Iglesias nunca dejó de lado los contenidos escolares, saberes que esos niños necesitan para romper la burbuja de su aislamiento y sojuzgamiento social, tal como el padre aquel, tan lúcido y consciente le hizo ver.
-Iglesias no usó el cuaderno de la escritura creativa como subterfugio para perdonar o aprobar a un alumno que no había hecho la tarea o estudiado.
-Iglesias fue un modelo de trabajador: cuatro tomos de propuestas didácticas en "La escuela rural unitaria", novedosos juegos didácticos inventados por el propio maestro con los materiales más sencillos, reorganización didáctica y aprovechamiento de los espacios de aula, y lo que no alcanzamos a enumerar, lo demuestran.
-Iglesias apuntó a lograr un alumno pensante y emancipado.
-Iglesias nunca transó con el sistema y la ideología dominante de su tiempo.
Por estas razones ( aunque hay todavía más que no ha lugar aquí), Luis Fortunato Iglesias es el epítome de educador que nos permite desautorizar, como docentes que también somos, a estos maestros incapaces que aprueban alumnos oportunistas por comodidad y luego ofrecen sus logros sin logros a la viralidad de las redes sociales por narcisismo o por falta de conciencia.
Si miramos el caso de la jovencita que viene a rendir diciendo que no estudió, que no tiene carpeta y que no tiene libro, este lugar del alumno que usufructúa el rol de carenciado, es propio de nuestro tiempo porque ese joven sabe que se enfrenta, sí: se enfrenta, a un docente y a una praxis docente que es cualquier cosa, menos educativa, porque:
-Una alumna que no estudió debería tener una profunda vergüenza de presentarse a una mesa de examen. Si no es así, esta persona no ha internalizado un mínimo de una cualidad que le será fundamental para vivir consigo misma y con los otros: responsabilidad, compromiso, hacerse cargo. No hay leyes, sabe que puede hacer o no "lo que quiere".
-La joven es pobre e inmigrante, o sea que necesita más que los que tienen recursos aprender en qué mundo vive, salir de su burbuja social con una mente emancipada por el conocimiento. Los saberes de geografía referidos a su propia situación podrían hacer de ella una boliviana-argentina consciente y lúcida. Podrían, cuando alguien se los enseñe.
-No tener carpeta ni libro es un subterfugio, como lo es no considerar los contenidos que tiene que rendir: si no hizo carpeta a lo largo del año, ¿qué hizo? ¿no aprendió que los libros se pueden conseguir prestados, o en una biblioteca?
-Una docente trabajadora y estudiosa tendría que saber que puede hacer rendir a la alumna los contenidos utilizando el libro, por ejemplo, la clásica prueba a libro abierto. Y de paso ejercita lectura comprensiva y escritura creativa, que es lo que finalmente cree haber conseguido.
-El escrito de la joven tiene serios defectos de coherencia, habla de su vida cotidiana y de saberes que apenas le servirán para seguir siendo mano de obra barata. No hay ningún procedimiento que oriente la mente de la muchacha al pensamiento crítico, a hacer reflexión sobre su vida, su situación y su lugar en el mundo, lo cual sí se podría lograr si se trabajara con contenidos escolares.
-La docente adopta una salida de emergencia: que la alumna escriba cualquier cosa, y le da dos consignas que no responden a ningún principio, que no tienen ningún sentido, ninguna relación con lo que pudo haber hecho en el aula a lo largo del año. Permitir el desperdicio de un alumno, hoy, es transar con el sistema.
Es irrebatible la necesidad de incluir. La exclusión genera explotación, violencia, ignorancia, adicciones, delincuencia, pobreza extrema, incapacidad de los sujetos para desarrollar competencias sociales que les permitan pergeñar, al menos imaginar, un proyecto de vida y luchar por él. Pero incluir para lograr estadísticas tramposas, promover alumnos por piedad o solidaridad mal entendida es menospreciar la calidad humana de nuestros alumnos, es desconocer que ellos también pueden aprender, es negar que son sujetos libres e integrales, es prohibirles el acceso a su propia condición humana y condenarlos, de buenitos que somos, a ser la carnaza amasada de miseria material, intelectual y espiritual de que se alimenta este sistema perverso. Y yo, permítaseme usar la primera persona porque hace más de treinta años que estoy sola en esto, yo, no transo con eso, señora docente regaladora de notas.

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