viernes, 8 de abril de 2022

Miguel Ángel Estrella

   Miguel Ángel Estrella entra en esa categoría de personas que son célebres, pero no famosas como supo decir del doctor Maradona un cronista de Clarín hace ya mucho tiempo. Tal vez por ello su muerte no fue tendencia en las redes.
   Los medios poblaron sus necrológicas con la esmerada actividad política social de Estrella, quién tenía el convencimiento de que el arte tiene que llegar a todos, y en cierto modo dejaron por debajo de esa consideración el talento y la maestría pianística del compositor e interprete que actuó en todos los grandes escenarios de la música clásica del planeta, incluyendo el Colón en Argentina.
   Esa actividad socio-cultural-musical lo llevó hasta las mazmorras del Proceso y lo decidió por el exilio. Como otros artistas de esos años, no solo argentinos sino latinoamericanos, terminó completando su carrera en París y cerrando los ojos allí.
   Sencillo y provinciano fue fiel a sus orígenes y acaso esa actitud ante la banalidad de la exposición y del discurso mediático opacó su quehacer y su presencia en el Olimpo de la fama y el brillo.
   Uno de los relatos que suelen citarse en primer término acerca de su vida y formación es aquel según el cual Estrella, que no tuvo piano propio en sus inicios, recorría casa de amigos para practicar en los tiempos en que inició su formación. Además de la ternura que puede inspirar esta circunstancia, prevalece la feroz fuerza de voluntad de ese muchachito que empolló un hombre tranquilo, sereno, pero de una incalculable capacidad de resistencia.
   Alguna vez leí que los torturadores trataron de romperle los dedos para que no volviera a tocar, hecho que no he logrado confirmar. Sin embargo, veo esas manos casi regordetas, livianas y gráciles, aun así, recorrer el teclado de lado a lado, de arriba abajo, y aunque soy una absoluta analfabeta musical no puedo dejar de pensar que, al niño tucumano, descendiente de inmigrantes, no podían quitarle la música, el ángel que lo habitaba había puesto sus alas en esas manos. Y aunque a veces su música quede como un aditamento de su preocupación humanística, fue el piano la herramienta y el arma de su lucha.
   En realidad, así como no sé nada de música tampoco creo en los ángeles, pero a pesar de ello, Don Miguel Ángel Estrella, que en gloria esté, como se solía decir.

                                                                  
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