Hace casi cincuenta años leí, y releí, “El mundo es ancho y ajeno”, una de las mayores novelas del llamado realismo regionalista o indigenista. Tal vez en lo primero que se piensa ahora es en la clasificación un poco prejuiciosa, y tal vez despectiva, que espero no siga teniendo vigencia, aunque no es mejor la mirada compasiva y monjil que se le suele dar a la tragedia latinoamericana por parte de los que reflexionan, o dicen hacerlo, sobre ella. Esta obra es la tercera y última novela de Ciro Alegría y fue muy leída en los años sesenta, en la actualidad no tengo datos. Es un relato de despojo, que son los temas del interior de América Latina, de los desalojos, de la expulsión de los dueños naturales de la tierra a manos de los que se aprovechan del mucho o poco poder que ostentan para arrebatar, con violencia, los lugares en los que los pobres sobreviven, producen y construyen el mundo que los pícaros solo ven como recurso y fuente de riqueza material.
Recuerdo de aquella novela una prosa musical, como casi toda la literatura de América Latina hasta el boom, que llevó al máximun esa cualidad del lenguaje en las literaturas nacionales. Recuerdo escenas dolorosísimas como la expulsión de los originarios de sus territorios a manos de un usurpador, la explotación de esos desplazados en la selva amazónica extrayendo caucho para las florecientes industrias automotrices y las tragedias personales de los mismos sufriendo escalofriantes accidentes en el proceso de manipulación de la famosa goma del caucho.
Recuerdo la impotencia de mi espíritu juvenil ante la escandalosa injusticia, la maldad de los ambiciosos, su impunidad. Recuerdo el descreimiento hacia los vanos consuelos de los creyentes en cualquier credo que esperan que su dios arregle lo que los hombres organizaron como una máquina precisa de despojo, explotación y descarte de los humanos que quedan bajo las plantillas de los poderosos. No pude desde entonces dejar de relacionar la ceguera y mendicidad en que termina el personaje principal, símbolo de un colectivo expoliado y devaluado, con un obrero de la fábrica “La Chaqueña” que padeció la explosión de un tanque de tanino hirviente sobre su cuerpo y falleció dejando una viuda y tres huérfanos, aunque en este caso debió haber una pequeña pensión para la mujer… quiero creer. Era una realidad que teníamos ante nuestros ojos y que parecía que nadie era capaz de ver.
De pronto, hoy, a más de cuarenta años de aquella lectura, de aquel llanto impotente al que me arrastró el desnudamiento de las verdaderas raíces de nuestra América, raíces empapadas en sangre, hediondas de miseria, temblorosas de martirio, que siguen nutriendo un mundo “ancho y ajeno”. Porque nada ha cambiado, los desalojos violentos de los pobres y olvidados por el sistema se repiten ante las cámaras como un espectáculo, como una película, sin que los gobernantes asuman su obligación de actuar para que haya justicia, para que cada uno tenga un lugar donde armar un refugio, sostener un quehacer, criar hijos y darles alimento, salud y educación.
Me pregunto, ¿de qué ha servido nuestra vida si solo hemos predicado en el desierto por la justicia, los derechos y el compromiso por un mundo mejor? Porque vi como el municipio de Sylvina arrasaba la precaria vivienda de una niña que fue mi alumna alguna vez y que lloraba el arrasamiento con un niño en brazos; vi las imágenes del desalojo, escandaloso, insultante para la condición humana, de los sin techo, cientos de desamparados del sistema sacados a fuego y balas de Guernica o de asentamientos aborígenes en la Patagonia o en Jujuy, o la ley “Zavala-Riera”, que convierte en crimen las ocupaciones de tierra en Paraguay y que está justificando los atroces desalojos a comunidades paraguayas en este mismo momento en favor de terratenientes latifundistas, para quienes no rige ninguna ley.
“El mundo es ancho… y ajeno” todavía hoy, con tanto engañoso progreso. Porque mientras Elon Musk padece por la posible quiebra de su empresa de turismo espacial, aquí hay humanos, seres pensantes y sintientes como cualquier humano, que quedan fuera de todo margen del mundo inventado para unos pocos. Seres expulsados de su condición humana, no ya solo de un pedazo mínimo de suelo.
https://www.clacso.org/rechazo-a-los-desalojos-a-comunidades-campesinas-e-indigenas-en paraguay/fbclid=IwAR3_TrdaprMkomtA2NDdDd2Txj8z2pyoo9ZhEoW9yJx6QjstslVu_-qoq7w
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