Escucho, en una entrevista, decir a Borges que le parece que a la poesía "El grillo" de Conrado Nalé Roxlo él nunca la entendió. Y analiza los elementos lingüístico-literarios del famoso soneto, señalando algo así como el absurdo de esos elementos.
Señala, por ejemplo, que decir que el grillo ve "una copa de oro" donde hay un espinillo y "porcelana" en el cielo, es algo que no se justifica, porque si lo ve con ojos de grillo es seguro que el grillo no es capaz de percibir esa realidad, no se si lo dirá por la pequeñez del grillo o por su irracionalidad.
Es aceptable que un poeta como Borges no comulgue con una poesía barroca, o, mejor aún, simbolista, modernista, que carga de sentidos elementos decorativos y lujosos, una corriente literaria que se distinguió por su artificiosidad, por su decorativismo. Pero denostar un soneto profundamente musical y expresivo como este, es signo de mezquindad intelectual.
En los últimos tiempos estoy siguiendo las charlas, reportajes y conferencias del frustrado premio Novel y le empezaba a tener respeto cuando me encontré con un reportaje muy interesante que le hizo Antonio Carrizo, en algún programa de años ha. Borges hablaba maravillosamente, sus conferencias son verdaderas obras de arte y su estilo clásico para recitar poesía, declamándola con su voz cascada y acuosa, es conmovedor, emocionante, aunque lo haga en idiomas que nos son extraños.
Esta admiración que empecé a construir cautelosamente se tambaleó al escuchar esa crítica de mala fe, porque teniendo en cuenta lo que Borges sabía de poesía es obvio que su interpretación no está condicionada por su ignorancia de los recursos líricos, por su falta de competencias para interpretar metáforas, personificaciones, alegorías, por ejemplo, sino que su posición se arrincona en la terquedad del que no acepta los otros puntos de vista, o en este caso los estilos diferentes de hacer poesía.
Tal vez Borges, en ese encierro en el que él mismo cuenta que creció y vivió, perdió de algún modo la sensibilidad del tercer ojo, del que hablan los esoteristas, y cuando salió a caminar las calles de Buenos Aires ya no fue capaz de identificarse con un grillo, anónimo y solitario, siendo Borges casi tan solitario como lo era el grillo que se aguantó entre los pastitos esta afrenta y nunca salió a aclarar el malentendido del mitológico bibliotecario.
La mayoría somos capaces de reconocer que ver como un grillo, o que el grillo vea como un humano, es algo absolutamente posible en poesía. Asumir que la poesía no tiene otra finalidad que ser pura expresión, ser "música vana", es un derecho que hay que otorgarle. Algo que Borges, encerrado en su intelectualismo, no logró entender, parece. Porque, aparte de Borges, no creo que haya alguien que no se conmueva con esta maravilla:
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