Miramos los escritos de este blog y vemos que un poema escrito ex-profeso para impresionar a lectores interesados en lo fáctico más que en lo poético, ha tenido más de mil visitas y que otros textos de mejor factura, tienen una decena de visitas. Y nos quedamos pensando que a la gente le interesa mucho más la biografía de los escritores que la obra en la que desaparece el literato, el docente, el ser biológico y social para manifestarse el ser profundo, esencial, en cierto sentido universal, y que constituye, el texto, una creación única, irrepetible, autónoma, que debería tener valor en sí misma y no por quién la escribió ni por los datos privados que se puedan husmear en el.
Rumiando estas confusas ideas, mejor no imaginar en quién estarán pensando algunas gentes cuando leen:
"Hoy camino las calles
sin recordar tu nombre."
y nos reímos un poquito de que no puedan acceder a ciertos secretos. Para ponerlos en la huella de la apenas encubierta intención les dejamos otro texto más explícito de nuestras malas artes. Pero muy pocos lo leyeron y es obvio que no detectaron la trama secreta del "dibujo en el tapiz".
Decepcionados por el fracaso de estos juegos literarios nos entretuvimos todo este tiempo persiguiendo en la web la imagen balbuceante, tierna, desdichada e inteligentísima de un hombre, de un escritor al que habíamos ninguneado durante décadas. Y después de ver, a veces solo escuchar, al menos dos decenas de entrevistas, sesudas y profundas, encontramos una especie de conferencia televisiva en la que participan varios escritores latinoamericanos y entre ellos, con su siempre original y disonante intervención, nuestro último conferenciante favorito: Jorge Luis Borges.
La charla trata de desatar el nudo gordiano de si el arte debe ser la voz de los desposeídos, por decirlo con un lugar común o debe ser una expresión puramente artística. Redundando, se plantea la cuestión del valor implícito del arte por el arte o el valor agregado del arte comprometido, ese debate ya tradicional que aparece en el siglo veinte con los movimientos pro-derechos y las luchas sociales, en las que escritores influyentes como Sartre adhirieron a la identificación del arte con el compromiso.
Luego de una intervención de Arreola que defiende la valía del objeto artístico, en este caso, el poema, por sí mismo, el histórico bibliotecario, vierte su opinión que transcribo aquí.
"Borges: -Creo que es más natural que lo dominen a uno las miserias naturales, que son reales porque a todos nos toca nuestra amplia cuota (...) de desdicha, que las de las masas, que son abstractas... porque no hay masas, realmente, no hay países... no hay continentes. Lo que hay, son individuos. ESO si es real. Un individuo es real. (........) No, no, esas son abstracciones.
Lo que puede interesarle a un hombre, realmente, es... que una mujer lo quiera, que la vida sea demasiado corta, o demasiado larga, saber quién es, de qué es capaz...
En cambio, si estamos pensando en términos de geografía política me parece que estamos limitándonos [eee..] algo que va a cambiar, [me parece] estamos sujetándonos deliberadamente a la política que, para mi, es una actividad triste, mas bien, y escribiendo [sobre política] parece tan difícil [que... me parece que] es mejor dejar que las cosas se escriban [a sí mismas].
Ahora... si eso sirve para explicar otras personas o no, eso es secundario, puede no explicar a nadie, puede ser, simplemente,como Arreola ha dicho, un poema puede ser un poema simplemente, y basta con que sea un poema.
Creo que la poesía en sí es muy importante, es muy misteriosa, tan importante como para que nos entreguemos a ella totalmente.
Entrevistador: -¿Para quién creen, ustedes, que debe escribir el creador literario?
B: -Para nadie. (Apresuradamente, muy enfático)
E: -¿Para las mayorías... (no alcanza a concluir la pregunta)
B: -Nooo. Ni para las mayorías ni para las minorías. Debe escribir porque el espíritu, digamos, por nombrar algo misterioso y profundo, el espíritu quiere que escriba... [para que el escritor] cumpla con su deber. Ahora, que eso sea leído, no sea leído, haya difusión, no haya difusión, todo son problemas de libreros, de editores, no interesan a ningún escritor."
El debate continúa, pero nos quedamos con este fragmento porque de él podemos sacar dos ideas magníficas con las que siempre hemos comulgado, y en la actualidad son como nuestro escudo del caballero andante: nos protegen y nos engalanan.
El debate continúa, pero nos quedamos con este fragmento porque de él podemos sacar dos ideas magníficas con las que siempre hemos comulgado, y en la actualidad son como nuestro escudo del caballero andante: nos protegen y nos engalanan.
La primera de esas ideas es la que avala lo que los románticos llamaban inspiración, y los clásicos estro: se escribe por una necesidad profunda de la que no se puede escapar (¡"el espíritu quiere que escriba", dice Borges!).
La segunda idea rechaza el concepto de la teoría textual de que el escritor construye un lector. "Para nadie", dice Borges y eso es automáticamente contradicho por los otros escritores, pero nosotros acordamos con el argentino porque si bien podemos construir un lector algunos elegimos escribir para nosotros mismos. Sabemos, al menos a un nivel personal adhiero a ello, que uno es su propio mejor lector. En realidad es más fácil crear un tipo de lector y ser obsecuente a las demandas de ese lector: mi experimento lo prueba ampliamente, y lo demuestra la industria editorial que inventó los best seller y la auto-ayuda.
Es tan raro ver, en estos tiempos el escritor autónomo, salvajemente solitario, no en su torre de marfil ni en la roca azotada por las bravas olas de la tragedia como el estereotipo del modernismo o del romanticismo sino en ese rincón penumbroso donde un escritor se recluye a escuchar las voces "del espíritu" y cumple con aquello para lo cual ha sido elegido. A veces las voces del mundo nos llegan, fragorosas, confundidas y sufrientes, pero entre esas voces colectivas siempre está el hombre, la mujer, el ser humano desnudo y herido, con el corazón tembloroso como un pajarillo desconsolado que no se cansa de pedir consuelo. Al final somos individuos que garabateamos papeles, papeles que hablarán paradójicamente del amor perdido, de las noches solitarias, de los sueños tejidos a la luz de la luna y de la hora en que una vez en la vida, rotos pero enteros, fuimos valientes... y nos quedamos solos.
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