Ha sido un año muy lindo.No porque no tuviera algún mal rato, sino porque, con escaso mérito de mi parte, tengo mucha gente que me acompaña: -a leer versos, a tomar mate, a conversar sobre cuestiones de lo más disimiles, a intentar en una mínima medida arreglar alguna cosa triste de este mundo, a recuperar recuerdos y esos aires de la juventud, a compartir belleza, a caminar esta ciudad que es la madre de mi corazón.
Cuando hago estas reflexiones introspectivas asumo, a regañadientes, que la vida es bella, el mundo es hermoso, de lo cual nunca dudo, y en mi destino me he topado con gente maravillosa. Desde aquella preciosa, dulce y delicada maestra de cuarto grado, de la cual Chiche estuvo muy enamorado, hasta el extranjero curioso que atravesó mis días como un cometa, y como tal dejó una estela de chispitas que tardará mucho en apagarse o esas muchachas del Refugio, que luchan a brazo partido contra la crueldad.
En el medio, la lista sería muuuuyyy larga, pero tengo que empezar a rendir cuentas porque el camino empezará a hacerse estrecho y como cualquiera no tengo idea de dónde está la curva final y definitiva. Tengo que hacer memoria, que es lo que hago con mayor asiduidad, porque estoy en esa etapa en que los recuerdos son como duendes que bailan sobre mi frente y nunca duermen. Como los recuerdos suelen ser desordenados, aleatorios, en ellos se mezclan mi maestra de séptimo grado y el caballo alazán de Don Cleto Lencinas, don Cleto con su enorme sonrisa, con su hermosa mujer y su irrenunciable resistencia de pobre.
Si es por etapas de vida, la gente que habitó mis momentos de aprendizaje fue fundante en los rumbos de mi destino, al menos en la actitud con que enfrenté, o escabullí, las cuestiones de mi vida: Francisco y Perla, cometo la osadía de nombrarlos, porque son para mi esa alhaja única y maravillosa que guardo en el rincón más cálido y secreto de mi corazón. Pero es importante en este inventario pagar el óvolo de la gratitud a los formadores de mi alma, en cuyo podio no dejo olvidada la sonrisa de Alfredo, el poeta.
Si es por temas del corazón la amistad es un ámbito de mi vida con cientos de espacios floridos y frescos donde la amistad siempre regó las raíces de mi emoción: desde mi querida Tere, aquellos imbatibles compañeros de promoción, los del A, los del B, indistintamente, hasta la tríada insuperable de mis años de UNNE: y si María Mina, Gachi, Mónica y la banda que venía detrás, (bueno, Marisel, no puedo nombrarlas a todas!!).
También, aunque no parezca, y alguno ni lo sospeche, tengo seis hermanos, una incontable retahíla de sobrinos, lindos, originales, únicos. Y aunque los hijos ya ni saludos manden, Ariel se queda, hace el aguante por los que no están, mientras el Memphis hace lo que puede. Lo mejor de esa historia es que ellos tienen sus logros y sus trabajos, su gente, sus amores, sus destinos, y en el inicio, en el punto de partida, siempre puedo recordar que estuve yo.
Del mismo modo en cada vida hay gente que llegó de a poco, gente con la que, gracias a su paciencia, hicimos un caminito claro, de piedrecitas y flores y llegamos a un banquito, tranquilo, bajo la luna, o mejor bajo el sol del crepúsculo, y ahí nos sentamos a leer versos. ¿Se imaginan? Unos versos leídos bajo la luz del crepúsculo. Creo que tendríamos que hablar especialmente sobre ello, la próxima vez, mis estimadas Norma y Brenda.
Alberto Cortés cantaba que a los amigos les adeudaba la ternura. Si, pero mi deuda es diferente: "a los amigos les adeudo la conversación". Porque no puede existir amistad sin conversación, sin ese intercambio de puntos de vista, de ideas, de reflexiones, de datos , que tenemos con Cristian, con quien celebramos las coincidencias y esquivamos sabiamente las diferencias. Este muchacho reflexivo y viajero es otro de los regalos que me dio la vida, o lo que fuere que mueve los astros de nuestro destino.
Este soliloquio no es un inventario, porque en ese caso esto sería peor que una guía telefónica. Además no solo hay gente en mi vida, también hay libros, los leídos, los por leer (y los que olvidé y los que ya nunca leeré), perros, gatos, gorriones, árboles, flores y hojas secas. Muchas hojas secas. Pero en mi patio las hojas secas no se queman, se quedan en el suelo y reciben la fuerza del sol subtropical y la lluvia que viene, a veces mansa, a veces desquiciada, y las hojas alimentan los gusanos de las preguntas, el asombro o el dolor, y un día se hacen verso, digo, se hacen flor.
Él es Coqui. No se quién sacó la foto.
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Gracias por tanto querida Grego!!!
ResponderEliminar¡Feliz 2020!
ResponderEliminarY que la felicidad se extienda para ti durante muchos años mas... :)
Besos y salud