sábado, 9 de noviembre de 2019

Panamericanismo y sus cuestiones

  Mi extranjero curioso está asombrado ante los movimientos de la política argentina y latinoamericana y me plantea preguntas que son muy largas de explicar. Dar una respuesta sencilla a las cuestiones de la realidad latinoamericana es dejar de lado muchos aspectos que interactúan en un punto álgido y sensible de la condición humana: la verdad de las problemáticas latinoamericanas  siempre pareció tener un matiz diferente en Argentina. Argentina era un país sin negros, sin indios, europeizada y aristocratizante, campeona de la cultura y del deporte, con una estrecha relación de sangre con las aristocracias europeas. Esa es la caricatura de Argentina que los movimientos populares dejaron al descubierto al visualizar a las clases trabajadoras, sus esfuerzos, su inmolación en beneficio de una clase dominante, extranjerizante, negacionista de la identidad multirracial y multilingüe del pueblo argentino.
   La fisura del discurso, cuando aun era solo ideología y no se lo denominaba discurso y todavía no se lo designaba peyorativamente como relato, esa fisura se hizo grieta el día que unos lloraron la muerte de su heroína y los otros rieron la tragedia. En ese momento se hizo manifiesto el largo desencuentro que Galeano describió detalladamente en "Las venas abiertas de América Latina" o que desmenuza Gastón Gori en "La Forestal: la tragedia del quebracho colorado".
   La explotación dolosa de los recursos por parte de un grupo que se aprovechó de circunstancias histórica y de la vocación de lucha del pueblo para lograr la liberación de estos lares de manos extranjeras, una clase que instaló un pensamiento centrado en nociones racistas, europeizantes y darwinianas para justificar la apropiación y los privilegios que se arrogó, sigue siendo el problema núcleo que explica la crudeza de la derecha cebada sobre Brasil, insolentada y represiva en Chile, vengativa y escandalosa en Bolivia, rigurosa en Ecuador, siempre asesina, siempre entreguista de los bienes de la tierra a manos de los poderes del sistema multinacional.
   Cuando citamos obras clásicas y dejamos de lado nuevas miradas latinoamericanistas solo lo hacemos porque es necesario señalar que Latinoamérica no despertó hoy, no es nuevo el fragor que nos atraviesa, no es recién creado el cuchillo que nos rasga las esperanzas y condena a las nuevas generaciones al hambre, el desamparo, a la miseria y la inhumanidad. Es un plan nacido en el mismo instante en que nos constituimos como naciones y se enraíza en los primeros estadios de la conquista.
   Con la experiencia de lo ya vivido, somos conscientes de que Chile la tiene muy difícil, de que Evo puede caer cruelmente y toda su obra ser destruida, de que Brasil no se repondrá fácilmente de las secuelas que dejará el gobierno criminal de Bolsonaro, por citar solo los casos más cercanos a Argentina.
   El caos económico, social y educativo generado por la política de endeudamiento y de evasión del gobierno de Macri es vergonzante para los argentinos ante el mundo y ante nuestros hermanos latinoamericanos. Sin embargo, lo único que puede ayudar en la resistencia y la búsqueda de superación de las graves secuelas de una administración plagada de aberraciones, consiste en alianzas de hecho entre los países latinoamericanos. Argentina ha salido, en las últimas semanas, a cultivar esas alianzas: grupos de argentinos han cruzado los Andes para intervenir en la lucha de los chilenos, el presidente electo ha visitado México para empezar a aceitar una convivencia indispensable si queremos enfrentar con alguna esperanza el regreso a nuestra identidad.
   Aun así, todavía falta mirar por sobre el hombro: no deberíamos dejar solo a Evo Morales, no podemos olvidar el terrible peligro que acecha al pueblo boliviano. Argentina debería tenderle la mano antes de que la sangre ciegue todas las posibles vías de solución a la crisis boliviana. Porque nosotros también somos Bolivia. 

Foto: Memphis No

-@-

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Acerca del amor y sus laceraciones

   Nacer y morir, dicen, son las experiencias límites, las que más reflexiones existencialistas han generado. Dicen. ¿Y en el medio qué? Tal...